J. PASCUAL MORA-GARCIA

APUNTES PARA

UNA FILOSOFÍA CRÍTICA DE LA HISTORIA

RESUMEN

La historia inmediata, es una de las formas en que renace la categoría Filosofía de la Historia, para dar cuenta de las contracciones que sufre el tiempo événementiale. Tradicionalmente el historiador de oficio consideraba que tenía su objeto en el estudio del pasado, hoy se ratifica que también le atañe el tiempo inmediato. Uno de los retos actuales es la reflexión en torno a la atmósfera de la globalización, que siendo un proyecto de la Modernidad parece sobrevivir a la postmodernidad, al buscar decididamente minar los linderos de las culturas nacionales y regionales para imponer una historia única, un pensamiento único y una cultura única.

Palabras claves: Historia inmediata, globalización Postmodernidad.

Introducción


"El gran mago propuso primero esta cuestión:
"-¿Cuál es, de todas las cosas del mundo, la más larga y la más
corta, la más rauda y la más lenta, la más divisible y la más extensa,
la más descuidada y la más lamentada, sin la que nada se puede
hacer, que devora todo lo que es pequeño y que vivifica todo lo que
es grande?

"(...) Unos dijeron que la clave del enigma era la fortuna, otros la
tierra, otros la luz. Zadig dijo que era el tiempo.

"-Nada es más largo -añadió-, puesto que es la medida de la
eternidad; nada es más corto, puesto que falta en todos nuestros
proyectos; nada es más lento para quien espera; nada es más rápido
para quien lo goza; se extiende hasta el infinito de grande; se divide
hasta el infinito de pequeño; todos los hombres lo descuidan, todos
lamentan su pérdida; nada se hace sin él, hace olvidar todo lo que
es indigno de la posteridad, e inmortaliza las cosas grandes.

La asamblea convino en que Zadig tenía razón."

Voltaire, Zadig o El Destino

El presente trabajo forma parte de línea de investigación iniciada a propósito de la mesa: Historia Inmediata, en el III Congreso de Historia a Debate coordinado por el Dr. Carlos Barros, en la Universidad Santiago de Compostela. De entrada, diremos que el término Historia Inmediata no es tan nuevo, pues se refiere a una obra de Jean Lacouture, (Cfr. Rojas, 2004) gran reportero del Monde y del Nouvel Observateur, quien fue el creador en los sesenta de la colección L’Histoire Immédiate de la editorial Le Seuil.

No cabe duda que asistimos a una etapa caracterizada por la inmediatez, lo momentáneo, y lo instantáneo, que incluso amenaza con modificar los cimientos de nuestra racionalidad. Y que Beaudrillar (1997) calificara como la época del asesinato de la realidad. Pareciera que la muerte de la ilusión, y la utopía vital están a la vista. Antes por lo menos podíamos pensar la realidad y recrearla, hoy la realidad se nos impone, somos víctimas de la hiperrealidad. Pero aún así, creemos es necesario intentar jugar los dados una vez más, repensar un nuevo espacio para la historia., en una palabra, soplar sobre las cenizas de una utopía necesaria.

La dinámica en la cual estamos inmersos nos obliga a pensar no en los métodos tradicionales de la historia sino a repensar la historia actual y, más aún, la historia que vendrá (posthistoria). La historia parece dejar de ser sólo el estudio de los hechos del pasado, hoy se impone la posthistoria. No tanto porque el ritmo de acumulación de conocimientos sea mucho más rápido, sino porque el centro de gravedad de los conocimientos cambió de una buena vez, y para siempre. El saber histórico parece conducir no a una teoría historiográfica sino del acontecimiento. El Dr. Rojas (2004), en este sentido, nos alertaba sobre los riesgos que plantea la historia inmediata: "La historia inmediata, tal como la hemos descrito y concebido, no sólo debe responder a las demandas de un público ansioso de respuestas acerca de las causas de múltiples acontecimientos históricos que vive en el presente, sino que debe ser también una oferta del historiador consciente de su papel como intelectual comprometido en la necesaria comprensión del tiempo presente en su diálogo permanente con el pasado y con el futuro, no olvidando que la construcción de una imagen del pasado o del futuro no es monopolio exclusivo del historiador. Máxime cuando vivimos una especie de aceleración del tiempo histórico en el contexto de una revolución científico-técnica de la información y en un mundo más globalizado por los efectos de las comunicaciones que “en directo, vía satélite”, nos desbordan de sucesos y accidentes de la vida cotidiana que se le presentan al espectador como acontecimientos históricos, tal vez, sin serlo. Estamos, pues, frente a una responsabilidad social difícil de renunciar y de compleja actuación. ¿Cuál es nuestra experiencia, al respecto, en nuestro quehacer cotidiano? ¿Cómo ha sido nuestro acercamiento a la historia inmediata como historia del tiempo presente?"

Pareciera que nos enfrentamos a un modelo emergente de historia caracterizada por la virtualidad, en donde la constante será la desaparición del mundo en tiempo real. La virtualidad amenaza con desplazar la historia positivista, los modelos de la Nouvelle Histoire francesa, y hasta los más sesudos modelos emergentes. Hoy lo virtual convierte al historiador en actor de un sólo golpe, casi diríamos que tiene que competir con otras disciplinas que hacían de lo inmediato su centro de gravedad.

Ejemplos en esta dirección nos lo suministra la hiperrealidad en la red; una nueva modalidad son los videos snuff, que proclaman la muerte de los efectos especiales. En vez de asesinatos simulados, ahora los massmedia nos presentan asesinatos y violaciones en directo, cero trucos, sin maquillaje. Ud., puede ser actor del próximo Primer Impacto.

La hiperrealidad postmoderna también afecta al documento, el documento ahora es hipertexto, vale decir, una presentación multifacética de información concebida como mapa de navegación. El hipertexto permite dotar al documento de una ¨tercera dimensión¨, construyendo redes o encadenamientos entre páginas a través del cual se puede ¨navegar¨. Con sus inconvenientes como el palimpsesto.

No es ciencia ficción, el hombre ha comenzado a reinventar el mundo y a sumergirse en él. La gran afición de los niños por los juegos de video supone un vasto campo para la realidad virtual, que no sólo puede proporcionar todo tipo de diversiones, sino que puede convertirse en un eficaz instrumento didáctico. Los alumnos miran cosas y leen cosas, pero no las hacen. En un aula donde los estudiantes pudieran servirse de la realidad virtual, la educación alcanzaría un nivel práctico jamás sospechado. Los estudiantes viajarían a través del cuerpo humano, en las clases de biología; dialogarían con Platón en las clases de filosofía; Bolívar mismo les impartiría su ideario bolivariano.

El problema más grave que podemos vislumbrar desde ahora, por encima de las incomparables ventajas de la historia inmediata expresada a través de la realidad virtual es que "con lo Virtual, no sólo entramos en la era de la liquidación de lo real y de lo referencial, sino también en la era del exterminio del Otro. Es el equivalente de una purificación étnica que no sólo afecta a unas poblaciones concretas, sino que se encarnizará con todas las formas de alteridad. La de la muerte -que se conjura con la terapia del mantenimiento artificial. La del rostro y el cuerpo, que es acosada por la cirugía estética. La del mundo que se borra con la Realidad Virtual. La de cada uno de nosotros, que será abolida un día con la clonación de las células individuales. (...) Si la información es el lugar del crimen perfecto contra la realidad, la comunicación es el lugar del crimen perfecto contra la alteridad". (Beaudrillard, 1997:149)

La eliminación de la alteridad sería una verdadera involución, pues potenciaría nuevamente la dialéctica de la negación del Otro; la del indio, el negro, el mestizo, el campesino, el marginal-urbano, los gamines. Y esta, es precisamente una de las amenazas del proyecto globalizador. Se pretende eliminar a ese Otro, que siempre es el más débil. Los latinoamericanos no somos precisamente los más favorecidos con la ANGLOBALIZACIÓN. Los cánones que se transmiten por el espacio virtual son planificados cada vez más para exponer un prototipo cultural, el de los países con tecnología de punta, que hablan una lógica exclusiva, la lógica de la dominación.

Nuevamente tenemos otra paradoja de la postmodernidad, pues encontramos viviendo en forma concomitante lo intercultural, la sensibilidad, la diferencia, la espiritualidad; pero al mismo tiempo, el centrismo, lo plástico, la homogeneización, la frialdad, y el pensamiento único.